Columna

Verdades Inventadas

Hay dos tipos de verdades en esta vida que debemos conocer.
jueves, 20 de enero de 2022 · 14:32

Sopla el viento y desesperadamente buscamos de dónde agarrarnos. De pronto nos encontramos con dos posibilidades para salvarnos: la posibilidad de la verdad o la posibilidad del valor.

La verdad se divide en dos clases. La verdad científica que es la que nos hace seres racionales pero que a muchos personajes de la historia no les ha gustado y la han tratado de detener por su indecencia cerebral. Y la verdad ideológica, que podría ser la verdad inventada, la cuál se crea o nace desde las diferentes circunstancias en las que se vive un momento y que cambian con el paso del tiempo.

El valor es la esencia del instinto en su estado más puro y natural, aquél que no tiene nada de racionalidad y, sin embargo, nos habla del respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás, el amor propio (uno de mis temas favoritos), la amistad a prueba de adversidad, el compromiso y el esfuerzo, entre muchos otros tan escasos en esta era.

Los valores nos dan alas, sin ellos seríamos reptiles. Ellos son la cima de la paz, nos ayudan a sobrevivir las infinitas miserias cotidianas. Como bien dijo Juan Villoro en una de sus columnas, ¨Jorge Ibargüengoitia demostró que nada es tan extraño como lo cotidiano¨. La repetición nos ancla, nos atonta, por eso creo que a Jorge le parecía tan raro lo habitual, porque ahí dejamos a un lado la curiosidad, la incomodidad y nos envolvemos en la repetición, en la comodidad.

Las verdades inventadas (como la mayoría de la gente que nos rodea hoy en día) son como los relojes antiguos de sol: si no hay nubes, funcionan a la perfección y nos dan la hora exacta. Su objetivo es dominar el cerebro de la gente con el fin de alimentar su orgullo y la anorexia cerebral de los otros (otro de mis temas favoritos) y lo peor de esta es, que, a diferencia de la física, a simple vista es invisible. Pero cuidado porque si se nubla un poco el cielo, así como el reloj de sol deja de funcionar, estas verdades también.

Lo veo todos los días, los seres humanos le tienen tanto miedo a la verdad, que prefieren montarse una obra de teatro antes de atreverse a pronunciarla y decir lo que piensan (si es que todavía lo hacen). ¿Quién nos condicionó de esta manera? Uno de los grandes aprendizajes que me dejaron los años que viví en Barcelona, fue: ser directo, ir al grano, sin rodeos y sin miedo. Siempre con la verdad. Lo que me hace pensar que esto de disfrazar las cosas es meramente cultural.

Al final del día, construye más una verdad con valor aunque parezca débil, que una verdad inventada. Sirve más un valor optimista, que una verdad represiva. Por eso llego a la conclusión de que mejores seres humanos son los verdaderos, que los inventados.

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